Un salto cualitativo

Provisionalmente, ha terminado el trabajo de contar académicos; ha llegado la hora de contar sus historias. Relatos que versan sobre las dificultades que los humanistas y científicos sociales digitales encuentran a la hora de someter a evaluación su propio trabajo, con la consiguiente falta de reconocimiento académico, piedra angular del sistema meritocrático de la ciencia y la academia.

Pero el propósito perseguido por el proyecto Knowmetrics ahora que explora las vicisitudes de las Humanidades Digitales en España mediante métodos de investigación de orden cualitativo, va más allá de recoger y trasladar hechos que, con matices y especificidades, por toda la comunidad académica de este campo son bien conocidos. También se pretende poner en manos de este mismo colectivo la posibilidad de concebir y prototipar un nuevo sistema de evaluación de la producción científica marcadamente digital. Ambas dimensiones, la valorativa y la de diseño, pretenden conjugarse a través de la técnica investigadora conocida como focus group. Éste se define como una dinámica de discusión centrada en un conjunto específico de temas, y, en ese sentido, puede entenderse como ‘”focalizada” (Barbour y Kitzinger, 1999). Tradicionalmente empleado en estudios de mercadotecnia y consumo, así como en sociología y comunicación políticas, en los últimos años hemos asistido a una significativa ampliación del rango de su utilización al interior de las ciencias sociales, integrándose con todo derecho en el acervo metodológico existente en estas ramas de conocimiento.

Las dinámicas de grupo no sólo pretenden conocer qué opinión mantiene un cierto colectivo respecto de un tema dado, sino que, sobre todo, estimulan la interacción entre los sujetos investigados para explorar cómo tales percepciones se construyen o modifican a través del intercambio de conocimientos, experiencias y puntos de vista (Kitzinger, 1995), en especial, al interior de grupos o colectividades ya constituidas. Por ser la heterogeneidad un aspecto constitutivo de la comunidad de las Humanidades Digitales (como tal reconocida e, incluso, potenciada), la adopción del focus group como herramienta de investigación sirve al propósito de determinar si, a pesar de las más dispares trayectorias académicas y profesionales que bajo una misma etiqueta (véase, “Humanidades Digitales”) convergen, los problemas relativos al reconocimiento de los méritos académicos son compartidos por el grueso de los miembros de esta colectividad; y si puede afirmarse que, en efecto, el componente digital es la causa determinante de tales dificultades. Sólo la interacción entre los mismos académicos, a juicio del equipo de Knowmetrics, puede hacer explícito este particular.

Es por ello que, durante los próximos meses, el proyecto de investigación comandado por Esteban Romero Frías celebrará una serie de grupos de discusión con diferentes científicos sociales y humanistas, seleccionados por haber dado plena entrada en su labor académica al elemento digital. A este particular, se contemplan tres dimensiones diferentes en las que el vínculo establecido entre la actividad científica y lo digital se materializa; y conforme a ellas se establece el procedimiento de muestreo de sujetos susceptibles de estudio. Éstas serían:

  • Componente digital como campo u objeto de estudios.
  • Componente digital como metodología/herramienta de investigación.
  • Participación en proyecto de investigación o iniciativa marcadamente digital.

El debate acerca de la falta de reconocimiento académico en el campo de las Humanidades Digitales que se desarrolle en los distintos focus group, quedará articulado en torno a tres grandes ejes temáticos. En primer lugar, se pretende abordar en qué medida la adopción del elemento digital ha transformado la actividad de los científicos sociales y humanistas, esto es, si y en qué medida lo digital introduce un elemento diferencial en la labor académica. En segundo término, se interrogará a los participantes acerca de las dificultades encontradas en la evaluación de su trabajo dado el carácter marcadamente digital de este. Para finalizar, los sujetos investigados adoptarán el papel de comité evaluador, para determinar qué aspectos deben de ser tomados en consideración a la hora de evaluar tanto un proyecto de investigación, como la contribución científica hecha por un académico. Como puede apreciarse, cada uno de los bloques trata un aspecto diferente de la problemática que ocupará la discusión, y, considerados conjuntamente, la recorren en su completitud.

Para comenzar a versarnos en las lides de las dinámicas de discusión, el equipo de Knowmetrics impulsó días atrás un primer encuentro en el Centro de Transferencia Tecnológica de la Universidad de Granada, al que se invitó a científicos sociales y humanistas de la propia ciudad,  ya estuviesen vinculados, o no, a la universidad homónima. Y el debate no pudo resultar más clarificador, con muchos aspectos cardinales a la falta de reconocimiento académico en las Humanidades Digitales puestos sobre la mesa. Dada la trascendencia de la temática para cualquier académico social o humanístico, no cabe duda alguna de que los sucesivos encuentros presentarán una tónica similar, con interesantes aportes y un intercambio animado entre quienes tomen parte en el mismo. Y de todos ellos se dará cuenta en este blog.

 

Bibliografía

BARBOUR, R.; KITZINGER, J. (ed.), (1999). Developing focus group research. Thousand Oaks (California), SAGE Publications.

KITZINGER, J. (1995). Introducing focus group, en BMJ, 311, pp. 299-302.

 

Fotografía: Discussion‘, por svenwerk, con licencia CC-By-Nc-Nd 2.0.

 


Viaje al centro de las Humanidades Digitales (VI). Investigadores

La primera expedición del equipo de Knowmetrics ha tocado a su fin. Ha sido un viaje largo y agitado con rumbo al centro de las Humanidades Digitales en España, pero podemos sentirnos satisfechos. Más sabios y maduros arribamos a nuestra particular Ítaca, que ya se divisa en el horizonte. Y ello merece todo el esfuerzo que ha sido necesario hasta llegar aquí.

En las entradas previas de Viaje al centro de las Humanidades Digitales, se ha indagado en extenso acerca de qué hacen los humanistas digitales (proyectos de investigación); qué tipo de productos resultan de su actividad académica (artefactos digitales y otros outputs); y a qué entidades pertenecen (adscripción institucional). Sin embargo, todavía queda un último puerto en el que atracar antes de dar por concluida la expedición: hay que conocer quiénes son y qué propiedades caracterizan a estos miembros de la comunidad de las Humanidades Digitales en españa. Y a ello se consagrará esta última entrada de la serie.

La información al respecto fue extraída de las 37 respuestas al cuestionario que se difundió entre el conjunto de los participantes de los congresos dedicados a las Humanidades Digitales que se celebraron en el último año en España. Para los 33 sujetos únicos finalmente identificados, dos fueron los dos grandes planos que ocuparon el análisis: por un lado, su adscripción institucional, englobando también en este punto el cargo en la actualidad desempeñado en el seno de la universidad (en caso de que, efectivamente, se encuentren vinculados laboral o estatutariamente a la institución académica); la identidad digital sería el otro aspecto tomado en consideración. Este último remite al uso que los investigadores hace de las herramientas y plataformas comunicativas de la Web, componente esencial del conocido como digital scholarship.

filiación institucional

Codificando la adscripción institucional de los humanistas digitales en virtud de la dicotomía Academia – Sociedad Civil, los datos muestran un dominio absoluto de la primera categoría de la dupla. Apenas el 9% de los 33 sujetos identificados consignan una vinculación laboral o profesional distinta a la universitaria, que suele ser, además, compatibilizada con estudios universitarios o algún cargo dentro de la academia (algo posible mediante la figura del profesor asociado). De entre quienes sí desarrollan su trabajo al interior de los reductos universitarios, la Universidad Complutense de Madrid es la que cuenta con mayor representación, algo lógico, teniendo en cuenta que era, de largo, la institución con mayor presencia en el conjunto de los encuentros sometidos a examen. El resto de sujetos encuestados provienen de hasta once universidades españolas distintas, que totalizan entre uno y tres empleados entre los sujetos encuestados.

Salvo excepciones puntuales y poco habituales, cualquier miembro de la comunidad universitaria puede englobarse en uno de los tres grandes grupos en base a los que ésta se estructura, a saber, Personal Docente e Investigador (PDI), Personal Administrativo y de Servicios (PAS), y Estudiantes. Con los datos recabados mediante el cuestionario, es posible determinar qué sector o sectores de los antemencioandos se muestran más activos en el campo de las Humanidades Digitales. Así, el peso relativo de cada uno de los grupos en el conjunto de los sujetos analizados, quedaría como sigue:

  • Personal Docente e Investigador (incluyendo a contratados pre y posdoctorales), 87,5%.
  • Personal Administrativo y de Servicios, 3%.
  • Estudiantes (incluyendo aquellos doctorandos que no cuentan con becas FPI, FPU o similares), 9%.

Para poner en perspectiva los resultados obtenidos, es indispensable tomar en consideración dónde y cómo fueron recopilados los sujetos de estudio. Los congresos, jornadas, simposios, etcétera, suelen reservarse para aquellas personas con un cierto bagaje investigador y docente. Además, muchos de esos encuentros tienen por objeto suscitar vocaciones y complementar la formación. Su público objetivo son los estudiantes e, incluso, el personal no investigador de la universidad; de ahí se deriva la escasa presencia que estos perfiles tienen entre los participantes en tales actividades. Quizás, procedimientos diferentes de identificación de casos conduzcan a resultados disímiles, de ahí que estos datos deban tomarse con cautela. Sin embargo, el trazo de la tendencia que dibujan es nítido y firme, por lo que no resulta descabellado aventurar que sucesivas indagaciones en la materia, lejos de ofrecer refutación, confirmarán la imagen que aquí se comienza a bosquejar al respecto de los sectores dentro de la academia más activos en el campo de las Humanidades Digitales.

Si bien la categoría de PDI aglutina a un mayor número de los humanistas digitales identificados, la distribución de estos en los diferentes puestos de responsabilidad que pueden ocuparse no resulta en absoluto equilibrada. “Profesor titular” y “Catedrático” son los dos niveles dentro de la jerarquía universitaria en los que se concentran más sujetos analizados, con hasta el 60% de los académicos. Profesores contratados doctores, profesores ayudantes doctores, profesores asociados y contratados pre y posdoctorales se reparten el 40% restante.

identidad digital

Como se consignó más arriba, la identidad digital es uno de los pilares sobre los que descansa el conocido como digital scholarship, es decir, el empleo de diferentes recursos digitales (entre ellos, las plataformas de comunicación 2.0) con fines de investigación, o, más generalmente, académicos. Las redes sociales y las páginas web o blog personales son componentes constitutivos de esta nueva concepción de la actividad científica; estas herramientas no sólo sirven de complemento a los canales de comunicación entre académicos más convencionales (Robinson-García et al., 2011), sino que proyectan su misma laboral sobre el conjunto de la sociedad, dando un nuevo cariz al public engagement. Sobre su uso se interrogó a los investigadores sometidos a estudio, a fin de indagar un poco más en la importancia que estos productos cobran en el seno de las Humanidades Digitales en España.

Un primer dato significativo es que el 15% de los encuestados reconocía no disponer de ninguno de los recursos considerados en la investigación, esto es, carecían de identidad digital. Si bien baja, la cifra en absoluto resulta residual. Además, 4 de estos cinco sujetos habían participado en proyectos de investigación por ellos mismos catalogados con la etiqueta de “Humanidades Digitales”. Este resultado urge una reflexión amplia y fecunda sobre cómo está implantándose el digital scholarship en la universidad española, así como si la proyección pública del académico mediante el empleo de las plataformas comunicativas web contribuye, y en qué medida lo hace, al desarrollo de su labor y la consecución de los objetivos ínsitos a esta.

El escaso interés que suscita la gestión y mantenimiento de un blog o página web personal, quizás motivado, como aseveran Gruzd y Goertzen (2013), por el esfuerzo y el consumo de tiempo que ello implica, contrasta con el uso extensivo dado a las redes sociales cuando revisten fines académicos. Mientras que sólo el 45% de los encuestados afirma tener web o blog propios, el 85% reconoce utilizar las nuevas plataformas de interacción en el marco de su digital scholarship. Sin embargo, no son aquellas redes sociales que tienen a los investigadores por su público objetivo, tales como Research Gate o Academia.edu, las que preponderan; son Twitter y Facebook, sorprendentemente, las más habituales cuando de propósitos académicos se trata. Consideradas de manera conjunta, la frecuencia con la que se mencionan se sitúa en el 45%. La dupla Research Gate y Academia.edu, en cambio, no supera el 36%. Además, Twitter y Facebook operan en simultaneidad en un mayor número de casos, probablemente, porque las dos redes sociales eminentemente académicas presentan notables similitudes entre sí, y los investigadores no consideran indispensable contar con perfiles en ambas.

Sabemos que el social media se usa, y conocemos por qué tipo de social media sienten los académicos predilección. La pregunta que sigue de suyo sería: ¿Con qué finalidades se usan? En este plano, la investigación de Knowmetrics hacía distinción de cuatro motivaciones diferentes, cada una de ellas, además, integrada por dos dimensiones específicas:

  • Redes sociales como objeto de estudio.
    • Búsqueda, descripción y análisis de fenómenos.
    • Recopilación de datos sobre casos de estudio.
  • Redes sociales como herramienta de recopilación de información.
    • Estar al día con los avances en un área de conocimiento.
    • Descubrir nuevas ideas y enfoques, propuestas metodológicas o publicaciones.
  • Redes sociales como plataforma de socialización.
    • Seguir el trabajo de otros académicos.
    • Hacer y mantener contactos con otros investigadores.
  • Redes sociales como recurso para la autopromoción.
    • Dar visibilidad al trabajo y los descubrimientos propios.
    • Construir y mantener un perfil profesional.

Agregando los resultados para cada motivación general (el sujeto elegía una de las ocho dimensiones propuestas), encontramos que aquella predominantemente esgrimida para justificar el empleo de las redes sociales es la recopilación de información sobre el state of the art de una disciplina o campo de estudios, con el 35,5%. Es decir, nuevas herramientas se emplean para dar satisfacción a antiguas necesidades. Ya señalaban Gruzd y Goertzen (2013) que, a tenor de la sobreabundancia de bibliografía, filtrar, seleccionar y gestionar los contenidos eran tareas ineludibles para cualquier investigador. La utilidad de las redes sociales en esta materia va en detrimento de aquella función que, a tenor de la naturaleza del social media, debiera ser primordial, esto es, la comunicación y la socialización entre académicos, que queda relegada hasta el tercer lugar como motivación preponderante (26%). Por su parte, el hecho de que estas plataformas comunicativas se conciban tan frecuentemente como objeto de estudio (y que estudiarlas sea la motivación esencial que se persigue con su uso), con el 29% de los casos, resulta tanto más llamativo cuanto que, unos años atrás, los estudios en la materia ni siquiera contemplaban este aspecto como una posible motivación.

Y, hasta aquí, los hallazgos hechos por el equipo de expedicionarios del proyecto Knowmetrics: evaluación del conocimiento en la sociedad digital en su viaje al centro de las Humanidades Digitales.

 

Bibliografía

GRUZD, Anatoli; GOERTZEN, Melissa (2013). Wired academy: Why social science scholars are using social media. 46th Hawaii International Conference on System Sciences.

 

Fotografía: Week 1: Needs Recharging, por Cristopher Rodriguez, con licencia CC-by-nc-nd-2.0.

 

 


Viaje al centro de las Humanidades Digitales (V). Proyectos de investigación

En la prosecución del camino iniciado por el proyecto de investigación Knowmetrics: evaluación del conocimiento en la sociedad digital, con objeto de componer una panorámica amplia de la actividad que se desarrolla en la actualidad en el campo de las Humanidades Digitales en España, esta entrada de la serie Viaje al centro de las Humanidades Digitales se ocupará de examinar las características más señeras de aquellos proyectos a los que los humanistas digitales identificados han estado vinculados en el último año. La información al respecto fue recabada mediante el cuestionario online que se hizo llegar a los participantes en los diferentes congresos (con independencia de formatos y denominaciones concretas) del área de las Humanidades Digitales celebrados en el Estado español entre febrero de 2016 y febrero de 2017. Todas las vicisitudes del método de investigación implementado, así como de las herramientas diseñadas a colación del mismo, pueden consultarse aquí.

Para un total de 146 sujetos a los que se pudo hacer llegar la encuesta a través del correo electrónico, se lograron recabar 37 respuestas. No es una ratio especialmente alta, pero ello no será óbice para que se puedan extraer algunas conclusiones fecundas respecto de la situación actual de las Humanidades Digitales en España, también en lo que compete a los proyectos de investigación que bajo este membrete se desarrollan. En este plano de análisis, luego de haber depurado los datos obtenidos, se logró identificar 25 proyectos de investigación distintos susceptibles de ser sometidos a exégesis. Ello es debido a que cinco individuos manifestaron que no habían participado en trabajo alguno de este ámbito en el último año. Además, varias de las respuestas dadas remitían a un mismo proyecto..

El análisis de tales iniciativas se ha articulado en torno a tres aspectos esenciales, que serán, a la postre, los que estructuren la presentación de resultados a la que se procederá mediante este texto. Así, encontramos:

  • Tipología de grupo de investigación desde el que se impulsa el trabajo investigador.
  • Financiación del proyecto.
  • Productos generados a colación del proyecto de investigación. 

 

Grupos de investigación

En conversaciones informales entre los miembros del proyecto Knowmetrics, alguna que otra vez ha salido a la palestra la cuestión relativa a las estructuras y redes de trabajo sobre las que descansa predominantemente la investigación en el ámbito de las Humanidades Digitales. No resultaba en modo alguno descabellado preconizar que el peso relativo que presentaría un atavismo como el de los grupos de investigación académicos resultaría poco menos que insignificante, dadas las ínfulas de antiacademicismo que algunos estudiosos quisieron conferir a tal campo de estudios. Sin embargo, como ya se dijo con anterioridad, si bien en otro plano distinto de análisis, más que hablar de una institución universitaria problematizada por las Humanidades Digitales, cabe pensar, muy al contrario, que son éstas las que deben de estar viendo perder el suelo bajo sus pies. Así como las universidades han sido las entidades preponderantes en la promoción y visibilización de las Digital Humanities en el último año en España, el «Grupo de investigación académico» asume y desarrolla los proyectos de investigación considerados bajo esta etiqueta. De hecho, el 76% de los proyectos identificados traen asociadas estructuras de trabajo de este tipo.

Lo anterior no quiere decir, sin embargo, que la noción misma de «Grupos de investigación académicos» no pueda estar sometida a interpretación dispar o, incluso, disputa. Desde luego, los resultados obtenidos sí invitan a pensar en una cierta ambigüedad a colación de un concepto que se daba por sentado. Y, como el dios Janus, este fenómeno presenta anverso y reverso: en el anverso, dos autores que dan el mismo nombre al grupo de investigación, no se ponen de acuerdo a la hora de caracterizarlo. Uno de ellos habla de «Redes de trabajo informal», el otro, del consabido «Grupo de investigación académico» (ante la incongruencia, se optó por prescindir de tal proyecto en este plano de análisis). Por el reverso, encontramos que estructuras formal y orgánicamente distingas al «Grupo de investigación académico» son tomadas como tal, como ocurre con un instituto de investigación ligado a la Universitat d’Alacant. Esta vez, los dos investigadores que consignan el mismo proyecto y el mismo nombre para su grupo de trabajo, arriban a la conclusión de que la etiqueta en la que más fácil acomodo encontraría el centro para el que trabajan es, de hecho, la manida categoría de «Grupo de investigación académico».

Financiación

En el cuestionario, sólo se requería del sujeto investigado dos datos básicos sobre su proyecto relativos a la financiación del mismo: entidad financiadora para el periodo 2016-2017, o aquella que lo hiciese por última vez, y la cuantía de la ayuda otorgada por esa institución. Si bien el cuestionario los demandaba de manera explícita, la información se ha obtenido exclusivamente para el primero de los apartados. El llamativo recelo mostrado por los investigados en este punto puede encontrar cierta base en tanto que las resoluciones de las convocatorias en las que lograron tales emolumentos son públicas, por lo que cualquiera puede acceder y conocer las cuantías específicas.

Las Humanidades Digitales pueden concebirse como un vasto territorio seccionado en diferentes parcelas, en las cuales un único perfil de entidad ejerce su particular dominio soberano. Como la iniciativa de la promoción y visibilización correspondía a la universidad, y el desarrollo del trabajo investigador descansaba sobre los grupos de investigación; así, en la tipología de entidad financiadora, el ganador es el organismo público de ámbito nacional. Afinando aún más, es el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad (en las diferentes denominaciones que ha recibido en los últimos años, a tenor del movimiento de carteras y competencias ministeriales) el que dota de recursos económicos a la investigación enmarcada en el membrete de Humanidades Digitales. Así, de los 24 proyectos analizados (se descarta uno de ellos en este punto por ser incongruente la información que dos sujetos distintos suministran acerca de su financiación), el 54% de ellos han contado con el respaldo del MINECO en la última ayuda recibida.

Recursos generados

Esta somera prospección en la actividad de investigación que se desarrolla en el Estado español al albur del concepto-paragüas “Humanidades Digitales” no podría encontrar término sin detenerse, aunque sea brevemente, en uno de los aspectos que resultaba de mayor interés para el proyecto Knowmetrics: evaluación del conocimiento en la sociedad digital: los productos resultantes de los proyectos de investigación. A este nivel, distinguíamos tres áreas diferentes:

  • Actividades enmarcadas dentro del «compromiso social» y encaminadas a la búsqueda de complicidad con la ciudadanía, cuestión parcialmente analizada en esta entrada del blog.
  • Artefactos digitales generados, plano en el que esperábamos hallar nuevos productos que alimentasen la taxonomía que se está desarrollando.
  • Otros outputs creados, bien se muevan en el plano estricto de la producción científica convencional (artículos científicos, ponencias, etcétera), bien se inscriban en la dinámica de comercialización del conocimiento científico que las universidades llevan años propugnando (patentes, contratos de consultoría y asesoramiento, entre otros).

Los datos obtenidos a colación del «compromiso social» vuelven a poner de relieve que la teoría y la praxis acerca de las Humanidades Digitales marchan por vías completamente diferentes. Siendo aquella noción constitutiva de este campo de estudios, componente ínsito de su filosofía (Romero-Frías, 2014), al menos, teoréticamente, escaso interés parecen mostrar los practitioners del área por tales prioridades axiológicas. Más de la mitad de los proyectos (el 56%) no consignan ningún tipo de actividad en este ámbito. Por su parte, cuando sí la hay, vuelve a surgir la misma ambigüedad e indefinición que ya apareció a tenor de otras categorías: entre la Open Science (“Creative Commons” se especifica en respuesta a la pregunta formulada) y la Crowd science (Franzoni y Sauermann, 2013), casi cualquier cosa encaja o encuentra acomodo aquí. A falta de un estudio sistemático en la materia, los datos generados ponen en relieve que el «social engagement» lejos está de quedar agotado en el análisis de la red de relaciones que el investigador configura a través de Twitter, como proponen Ràfols et al. (2017) y otros.

A colación de los artefactos digitales generados, la categoría Base de datos concita el mayor número de respuestas, presente y predominante en 14 de los 25 proyectos. Muy próximas entre sí, pero a gran distancia de la primera, se hallan Página web/blog y Colección digital/repositorio. En lo que respecta a aquellos artefactos digitales no contemplados a priori en la taxonomía de Knowmetrics, los datos obtenidos no vienen a constituir un gran aporte. Sólo se ha consignado un recurso verdaderamente nuevo, como sería el Diccionario multilingüe en línea, el cual no aparece recogido ni en la ínclita TaDiRAH (a fecha de publicación de esta entrada). Ulteriores indagaciones, llevadas a término con metodologías diferentes, deberían permitir continuar alimentando esa taxonomía, cuya trascendencia resulta esencial para este proyecto de investigación.

Publicaciones científicas (artículos y libros o capítulos de libros), por un lado, y Contratos de consultoría y asesoramiento, por el otro, son los productos que más veces aparecen en el apartado dedicado a los outputs convencionales. Y en ninguno de los dos casos el resultado es sorprendente:

  • Las Publicaciones científicas son la vía menos agreste para la consecución del reconocimiento académico vía la evaluación de la producción científica, conforme a los protocolos convencionales. Que se cultiva extensa e intensamente en el ámbito de las Humanidades Digitales, lejos de resultar contradictorio, pone en relieve que las dificultades para la ponderación de su labor a la que hacen frente los académicos del área tienen un impacto real.
  • Pese al grado de “innovación” que se pueda asociar, de algún u otro modo, a este ámbito de estudios, en lo que concierne estrictamente a la comercialización del conocimiento científico, las Humanidades Digitales se encuentran en línea con el resto de campos del saber: los Contratos de consultoría y asesoramiento son la modalidad más empleada (Arboledas, 2016). Cabe destacar, por su parte, que la noción misma de «transferencia» que algunos humanistas digitales analizados conciben, escapa, con mucho, de aquellas formulaciones preponderantes de la «tercera misión de la universidad», basada en la comercialización de los recursos técnicos, tecnológicos y de conocimiento por parte de las instituciones universitarias (Bueno y Casani, 2007).

 

Bibliografía

ARBOLEDAS, L. (2016). Las empresas spin-off, bajo el prisma de la Comunicación Social de la Ciencia. Trabajo de Fin de Máster. Universidad de Granada.

BUENO, E.; CASANI, F. (2007). La tercera misión de la universidad: enfoques e indicadores básicos para su evaluación. Economía Industrial, 366, pp. 43-59.

FRANZONI, C.; SAUERMANN, H. (2013). Crowd science: the organization of scientific research in open collaborative projects. Research Policy, 43, pp. 1-20.

ROMERO-FRÍAS, E. (2014). “Ciencias Sociales y Humanidades Digitales: una visión introductoria”, en ROMERO-FRÍAS, E. y SÁNCHEZ-GONZÁLEZ, M. (editores), Ciencias sociales y Humanidades Digitales. Técnicas, herramientas y experiencias de e-Research e investigación en colaboración. La Laguna (Tenerife), Cuadernos Artesanos de Comunicación.

 

Fotografía: Ladder to heaven?, por Susanne Nilsson, con licencia CC-by-sa-2.0.


El impacto de las «altmetrics» que miden el impacto

Recurrir a la definición fijada, pulida y resplandeciente que ofrece la Real Academia de la Lengua suele ser un recurso socorrido para tratar de contrastar con la realidad las suspicacias que merezca el uso común dado a un determinado concepto. Procediendo así, se encuentra que una de las entradas para el término «impacto» corresponde al “[e]fecto de una fuerza aplicada bruscamente”. De tal modo, la Cienciometría, disciplina encargada del estudio y evaluación de la producción científica, lleva décadas ocupándose de cómo los productos de la actividad científica generan un efecto en la institución científica al ser aplicados en ella “bruscamente”. Lejos de modificar su planteamiento, en época reciente se ha asistido justo al proceso inverso, es decir, tales concepciones de los outputs científicos han trascendido los estudios bibliométricos convencionales para alcanzar, por un lado, las nuevas formas de baremar la calidad científica que los recursos digitales auspician (altmetrics); y, por el otro, a aquellas dimensiones de la labor del académico que habían escapado a las garras de los protocolos y estándares de evaluación, como ocurre con el denominado «impacto social».

Pues bien, altmetrics e «impacto social» de la labor académica mantienen una relación muy estrecha entre sí. No es ésta profunda ni necesaria, sin embargo, sino contingente, marcada por la oportunidad. Las conocidas como altmetrics son nuevos indicadores para medir la producción científica que se basan o derivan de las plataformas de comunicación de la Web (Torres-Salinas et al., 2013). En un sentido estricto, su campo de acción lo constituyen las interacciones de los usuarios con los materiales generados por los investigadores (papers, libros o capítulos de libros, etcétera); si bien no es menos cierto que su misma definición no las subsume a estos. Es decir, casi cualquier objeto digital o tipo de interacción susceptibles de protocolos de evaluación, pueden tildarse de altmetrics. La ulterior imbricación de lo “social” en las altmetrics sobrevino ante la incapacidad manifiesta de tales procedimientos de medición del «impacto» para determinar qué es exactamente lo que estaban ponderando (Torres-Salinas et al., 2013). Se llegó a la conclusión de que no se podía tratar de la repercusión académica, pues no todos los usuarios de las plataformas analizadas eran científicos. Esa heterogeneidad de las audiencias, a la manera de los medios de comunicación convencionales, convirtió a la etiqueta «impacto social» en un comodín. De tal modo, queda fuera de lo computable la contribución efectiva que pueda hacerse a la mejora del bienestar social, o el carácter fecundo de su aporte al debate acerca de cómo vivimos y nos organizamos en sociedad; el «impacto» no es qué hace esa investigación por la sociedad, sino qué hace la sociedad con esa investigación. El matiz resulta determinante.

En esta translación y actualización del concepto de engagement, fuera fruto del azar, de la serendipia o de la inconsistencia conceptual o metodológica de la nueva propuesta evaluativa, el impacto venía dado por su carácter revelador. En una época tan temprana para la adopción de las herramientas digitales para la comunicación científica como es el año 2013 (un año atrás, Fitzgerald, 2012, describía un sistema de revisión de publicaciones comunitario sostenido en las métricas de las interacciones web, sin usar en ningún momento el término altmetrics, tan bisoño por entonces), ya comenzaba a percibirse que el campo de las mediaciones ciencia-sociedad, tradicionalmente dominado por la industria mediática en su sentido más amplio, se encontraba en plena transformación.

La mayor parte de la población no experimenta la actividad científica, no accede a su actualidad, sino a través del relato que otros hacen sobre ella. Antes, los medios de comunicación. Ahora, todas esas plataformas comunicativas que pueden resumirse, sucintamente, en redes sociales. Nuevos medios para viejos propósitos. Periódico, radio o televisión ya jugaron su papel en la búsqueda de la complicidad de los públicos por parte de la institución científica. En algunos casos, además, con efectos extremadamente positivos: en comunicación científica, se suele hablar del efecto The New York Times para describir el incremento de citas recibidas por un artículo científico cuando la investigación a la que aquel remite es objeto de noticiabilidad para el periódico norteamericano. Análogos efectos se han encontrado al hacer el mismo estudio en otras publicaciones señeras. Sucintamente, la proyección mediática de la práctica científica revierte de modo positivo en su repercusión académica.

La Comunicación Social de la Ciencia no se conformó hace diez años, ni es deudora, en pequeño o amplio grado, de las plataformas comunicativas de la Web (ni qué decir de las redes sociales). Como estrategia comunicativa deliberada y centralizadamente implementada, su origen se remonta tan atrás como lo hace la constitución de los sistemas nacionales de ciencia y tecnología (estructuras jerárquicas y piramidales de toma de decisiones y emplazamiento de recursos), tras la II Guerra Mundial. Su fin es incidir en la opinión pública para crear un estado favorable a la prosecución de la investigación científica, y, en ese sentido, se convierte en una herramienta de intervención política de primer orden. Al fin y al cabo, sobre el voto y los impuestos del ciudadano se sustenta la continuidad de la financiación de la práctica científica (Arboledas, 2016). Informar e instruir al ciudadano, considerado como un lego en materia de ciencia, se convierte en recurso estratégico de gran valor.

En el nuevo escenario auspiciado por las plataformas comunicativas generadas en la Web, entre los muchos y muy notables cambios introducidos en las nuevas mediaciones ciencia-sociedad, cabe destacar que es responsabilidad absoluta del académico el llevar a cabo la labor de engagement, sin más soporte que su propia competencia digital. Este extremo no se revela en todo su esplendor y extensión hasta que la nueva concepción de las altmetrics hace acto de presencia, abandonando la medición de las menciones a un determinado artículo o producto científico en las interacciones entre usuarios de las plataformas comunicativas (en continuidad con la lógica de la bibliometría convencional; sólo cambia el formato de comunicación en el que la citación se registra), para centrar su foco de atención en las redes de relaciones que el investigador teje en estos mismos espacios. La nueva aproximación metodológica se conoce como “interaction approach” (Ràfols et al., 2017), y parte de la asunción de que el «impacto social» no se explica sin búsqueda de la complicidad, como tampoco puede concebirse fuera del contexto de interacciones en el que el engagement toma forma.

La red de relaciones que ocupa el estudio bajo el prisma de esta propuesta novedosa, viene dada por la estructura de interacción “seguidores-seguidos” que un investigador cualquier sometido a evaluación ha forjado en Twitter, al dar esta constancia del interés mutuo entre dos entidades y facilitar la comunicación bidireccional. Tal procedimiento, además, permite aunar cantidad y calidad de la audiencia, estratificándola en función de unos ciertos parámetros. Romero-Frías y Robinson-García (2017) implementan esta metodología para ponderar si el laboratorio universitario de innovación Medialab UGR alcanza a su público objetivo. Mutatis, mutandis, sólo hay que reemplazar ese ente por el investigador objeto de evaluación, y determinar a priori cuál debe ser su target de audiencia. «Impacto social» transfórmase en reconocimiento social, aspecto que funciona en un plano bien distinto al de la calidad de la producción científica medida en términos de contribución al bienestar social. Y el reconocimiento, a su vez, se formula operativamente como influencia y capacidad de informar la política científica, académica y, por qué no, también económica.

Esto, en cuanto a las consecuencias postreras, en el dominio teórico-político, de la definición silente que los protocolos de medición del «impacto social» articulan. En el dominio específico de la praxis, las altmetrics creadas para ponderar el impacto, han terminado por impactar, y con gran fuerza, en la estructura de la actividad científica. En tanto que el engagement se convierte en objeto de evaluación de la actividad de un investigador, sus beneficios dejan de ser indirectos (potencial incremento de su citación a tenor de su exposición pública), y pasan a ser directos e inmediatamente tangibles, coadyuvando a su promoción al interior de la meritocrática institución mertoniana. Por contrapartida, su incorporación a los protocolos de evaluación convierte a esta pretensión de confidencia con el público (o con públicos específicos) adopta un carácter coactivo. El académico está obligado a adoptar e incorporar a sus rutinas el empleo de plataformas comunicativas y redes sociales, pues buena parte de sus opciones de medro en el seno de la comunidad científica terminarán por jugarse en ese terreno. Así pues, la «acccelerated academy» no disminuye su ritmo; sólo ha modificado su ruta.

Estando en las postrimerías de esta entrada de blog, todavía no se ha referido ninguna definición formal de «impacto social», pese a haber ocupado el centro de la reflexión. Ello encuentra su razón de ser en el hecho de que no es éste concepto en disputa, de ahí que suela darse por conocido y asimilado; es la forma de operativizar, computar y evaluar lo que resulta objeto de controversia. Quizás sea éste signo del reconocimiento de una derrota, o tal vez la constatación de una renuncia, pues el público sigue permaneciendo cautivo de un desarrollo científico en el que sólo parcial y puntualmente participa (proyectos de crowd science, en los que el involucramiento de más amplios públicos responde a un fin instrumental), y cuya política rectora lejos está de comandar. Queda fuera de toda duda que este extremo no va a cambiar por más que hogaño, para ponderar la brusquedad con la que el académico repercute con su trabajo en la sociedad, se deje de evaluar el contenido de su bloc de notas de trabajo y se pase a hacerlo de su agenda de contactos.

 

Bibliografía

ARBOLEDAS, Luis (2016). Las empresas spin-off, bajo el prisma de la Comunicación Social de la Ciencia. Trabajo de Fin de Máster. Universidad de Granada.

FITZGERALD, Kathleen (2012). “Beyond metrics: Community authorization and open peer review”, en GOLD, Matthew K., Debates in the Digital Humanities. Minneapolis, University of Minnesota Press.

TORRES-SALINAS, Daniel; CABEZAS-CLAVIJO, Álvaro; JIMÉNEZ-CONTRERAS, Evaristo (2013). Altmetrics: Nuevos indicadores para la comunicación científica en la Web 2.0, en Comunicar, 21 (41), pp. 53-60.

RÀFOLS, Ismael; ROBINSON-GARCÍA, Nicolás; VAN LEEUWEN, Thed N. (2017). Using altmetrcis for contextualised mapping of societal impact: From hits to networks. SSRN. [Recurso electrónico]. Consultado el 24 de abril de 2017.

ROMERO-FRÍAS, Esteban; ROBINSON-GARCÍA, Nicolás (2017). Laboratorios sociales en universidades: Innovación e impacto en Medialab UGR. Comunicar, 25 (51), pp. 29-38.

 

Fotografía: Impact, por Walter-Wilhelm, con licencia CC-by-2.0.

 


La desconexión laboral, desde la perspectiva de las Humanidades Digitales

Días atrás, el gobierno de España daba a conocer que está estudiando la posibilidad de regular el denominado derecho a la desconexión laboral, figura nunca antes recogida en el ordenamiento jurídico español. Así lo dejaba constar en respuesta a la pregunta formulada al respecto por un diputado del PDeCat (Partit Demòcrata Europeu Català). Ciertamente, es la primera vez que el ejecutivo nacional se pronuncia respecto del derecho de los trabajadores asalariados a no atender correos electrónicos u otro tipo de comunicaciones provenientes de la empresa, hechas llegar a través de las plataformas y dispositivos digitales, fuera de su horario laboral; mas la desconexión laboral digital ya había sido incorporada con anterioridad a la agenda y el debate públicos. Sin abandonar sede parlamentaria, pueden encontrarse dos grupos políticos que han presentado sendas iniciativas al respecto, En Comù Podem y el Partido Socialista. Este último, además, abordará el derecho de los trabajadores a desconectarse digitalmente de las tareas laborales en la ponencia económica de su próximo congreso. Parece indiscutible que la necesidad de poner coto a la interpenetración entre el plano del trabajo y el resto de ámbitos de la vida del asalariado auspiciada por la tecnología, existe; mas queda por ver si el marco legislativo que de todo este proceso resulte, cristalizará una apuesta audaz por la protección de los derechos laborales. Y empiezan a vislumbrarse algunos jalones que invitan a renunciar a toda esperanza.

Un ejemplo craso de que no se encuentran infundadas las suspicacias que las iniciativas a colación de la desconexión digital merecen, lo constituye Francia, primer estado europeo que ha incorporado en su ordenamiento jurídico este derecho. El limitado alcance de la norma promulgada no sólo se explica en razón de que una buena parte de las empresas francesas (aquellas cuya plantilla no supera los cincuenta empleados, esto es, pequeñas y medianas) se encuentran eximidas de cumplimiento; sino porque la misma formulación de la ley deja en manos de los empresarios, código de buenas prácticas mediante, determinar e identificar cuándo se está produciendo transgresión de la norma y, en consecuencia, desarrollar los protocolos de actuación correspondientes.

Si la actuación de otros países en el campo del derecho a la desconexión laboral digital no constituye un ejemplo edificante, la tipificación del mismo que comienza a esgrimirse desde el debate político y el pandemonium mediático ―a falta de que, en efecto, la Secretaría de Estado para el Empleo dé el paso en la dirección anunciada y presente un anteproyecto de ley―, alcanza niveles de ignominia. Así, pretender subsumir la desconexión digital a la mera disposición de no atender correos electrónicos o mensajes instantáneos hechos llegar desde la empresa, supone adoptar una posición deliberadamente parcial respecto del derecho en cuestión; una aproximación superficial y limitada que no atiende al verdadero calado de la transformación de la jornada de trabajo que las tecnologías digitales han auspiciado. El desbordamiento de los límites, siempre delicuescentes, apenas trazos sobre el agua, que separaban lo laboral del resto de planos de la vida del trabajador asalariado, ha introducido una serie de elementos coercitivos adicionales que sobrepasan, con mucho, la apertura de la bandeja de entrada del e-mail o el uso de What’s App para hablar con el jefe. Indagar en el caso de los humanistas digitales permitirá obtener una evidencia palmaria al respecto.

Según Kierschenbaum (2012), lo que distingue a un académico del campo de las Humanidades Digitales es que vive “24/7 conectado al mundo digital”; cualidad esta que considera del todo recomendable incorporar en el seno de los departamentos de Inglés (véase, de Filología y Literatura inglesas) en los que él desarrolla su labor. Más allá de la opinión particular del autor, sus aseveraciones convierten en muy oportuna la pregunta acerca de cómo puede materializarse el derecho a la desconexión laboral en casos extremos como el aquí tratado, en los que la penetración del componente digital en el desempeño profesional resulta absoluta, y no conoce más freno o cortapisa que los límites fisiológicos y la duración natural del día. Se puede aducir que las palabras de Kierschenbaum son más bien un exabrupto o una licencia poética que éste se ha tomado para hacer énfasis en cierta idea. Nada que objetar. Pero la asimilación del valor profesional de un académico que cultive el campo de las Humanidades Digitales, a su perenne presencia en y uso de las plataformas de comunicación y redes sociales de la Web 2.0., sólo traslada al plano axiológico y reviste con el manto de la ideología lo que no deja de ser una crasa evidencia empírica: el desempeño laboral diario de los académicos, en general, y más particularmente, de los humanistas digitales, convierte en indispensable e ineluctable la omnímoda presencia de la tecnología digital, totalizando todos los espacios de su vida y derrumbando cualquier límite previamente definido de la jornada de trabajo.

Adjetivar la actividad profesional de este nuevo perfil de humanistas como «digital», supondría una redundancia en pleno siglo XXI, en la era de la información. Y, como toda repetición, prescindible. A lo largo de las últimas décadas, las herramientas y plataformas de comunicación web han ido incorporándose al campo de las Humanidades Digitales conforme las mismas fuentes de información han abandonado el clásico formato analógico o, directamente, nunca se han presentado en otro medio que no estuviese articulado por el código binario (Brügger, 2016). Esto ha supuesto que una multiplicidad de disciplinas humanísticas se haya dotado, como corpus nucleares de sus estudios, de recursos digitales tales como bases de datos (Dalbello, 2011). La baratura del hardware y la facilidad de acceso que otorga el software hacen saltar por los aires cualquier noción preestablecida respecto a las categorías de “jornada de trabajo” o “lugar de trabajo” en el ámbito académico, pues el aparataje necesario para llevar a cabo la investigación (o partes de ella) no requiere mucho más que un ordenador y acceso a Internet. Sin embargo, han sido las plataformas de interacción interpersonal y bidireccional de la Web 2.0. las que han elevado a cotas nunca antes conocidas la absorción de horas adicionales de actividad laboral no remunerada.

Conexión sin límites

El estudio hecho por Gruzd y Goertzen (2013) sobre el uso que los científicos sociales daban de las redes sociales para fines de investigación, si bien cuestionable en virtud de ciertas decisiones epistemológicas adoptadas, ofrece algunos datos relevantes para suscitar la reflexión. Un primer elemento de juicio lo constituye el hecho de que son las plataformas comunicativas de tipo no académico, tales como Facebook, Twitter y otras, las que se usan más frecuentemente con objeto de desarrollar tareas concernientes al desempeño laboral de los científicos (hasta en un 71% de los casos analizados). Si algo caracteriza hogaño a las redes sociales es la naturalidad con la que se encuentran incorporadas a la rutina de las personas, su completa integración en nuestra existencia ordinaria; así como la multiplicidad de fines para los que éstas son empleadas. Entre ellos, según parece, también el de investigar. Pero el trabajo de los miembros de la Dalhouise University ofrece un segundo elemento de análisis en el que es necesario reparar. Así, de entre todas las razones esgrimidas por los sujetos investigados para justificar el empleo de redes sociales con propósitos académicos, el predominante, en 4 de cada cinco casos, refiérese a “una de las tareas primordiales de cualquier investigador” (Gruzd y Goertzen, 2013), a saber, la recopilación de información para conocer el estado del arte en un campo o disciplina dados. A la sazón, no se trata simplemente de que los investigadores introduzcan las redes sociales en su labor profesional; es que, como se aducía más arriba, no pueden oponer resistencia a su ineluctable penetración. La generación y extensión de los emergentes sistemas de medición de la productividad científica basados en las interacciones de los académicos a través de las plataformas comunicativas web (las denominadas altmetrics), exacerba esta urgencia y acelera la adopción.

La necesidad se convierte en el primer y principal elemento coercitivo. En el campo de las Humanidades Digitales y en cualquier otro. Apostar por fijar límites al uso de la tecnología digital por parte de los asalariados fuera del horario de trabajo queda en nada, mera impostura, a lo sumo, si no se cumple un requisito previo indispensable, como sería la reducción de la carga de trabajo (es decir, la intensidad del trabajo) y las tareas asociadas a un determinado puesto o cargo. Pero los vientos no soplan en esa dirección. Candoroso debate sobre la desconexión digital, por tanto, el que nos aguarda si se escamotea del mismo una reflexión profunda acerca de las pulsiones y exigencias que llevan a los trabajadores a mantenerse “conectados” con la empresa cuando su jornada laboral finaliza. El caso de los científicos, en general, y más particularmente, el de los humanistas digitales, no sólo sirve de ilustración del futuro hacia el que se ven abocados el resto de trabajadores (académicos o no) en caso de que la ley no llegue a prosperar, quede malograda o se vea incapaz de cumplir con la misión que le ha sido encomendada; también permite poner en relieve que en modo alguno pueden permanecer estos al margen de la cuestión que aquí se trata. Al fin y al cabo, la futurible regulación de la desconexión laboral digital se inscribe en el más amplio debate acerca de sus propias condiciones generales de trabajo. En este caso, desconectar sí que no debe de ser una opción.

FotografíaPowering a favela in Brazil, por Deutsche Welle, con licencia CC by-nc-nd-2.0.

 

Bibliografía

BRÜGGER, Niels (2016). Digital Humanities in the 21st century: Digital materials as a driving force. Digital Humanities Quarterly, 10 (2).

DALBELLO, Marija (2011). A geneaolgy of Digital Humanities. Journal of Documentation, 67 (3), pp. 480-506.

GRUZD, Anatoli; GOERTZEN, Melissa (2013). Wired Academy: Why social science scholars are using social media. 46th Hawaii International Conference on System Sciences, pp. 3332-3341.

KIERSCHENBAUM, Matthew (2012). “What is Digital Humanities and what’s doing in English deparments?”. En GOLD, Matthew K. (editor), Debates in the Digital Humanities. Minneapolis, University of Minnesota Press.

 

 


Knowmetrics participará en la Mesa Redonda “Digital Humanities/Humanidades Digitales/Informatica Umanistica. Un diálogo intercultural”

El proyecto de investigación Knowmetrics tomará parte en la Mesa Redonda “Digital Humanities/Humanidades Digitales/Informática Humanística” que se celebra el próximo 20 de abril en Roma, en la Facultad de Ciencias Políticas de la Università degli Studi Roma Tre. Este evento, de formato multilingüe, forma parte de las acciones desarrolladas en el marco de “Ciencias Sociales y Humanidades Digitales del Sur“, un espacio de reflexión distribuido y abierto en torno a la conexión entre las Ciencias Sociales y las Humanidades y el medio digital, del cual Medialab UGR es una de sus principales entidades impulsoras. La coordinación del encuentro corre a cargo de Domenico Fiormonte, profesor en la universidad italiana que acogerá la mesa redonda, y miembro del equipo Knowmetrics. Por su parte, el evento podrá seguirse en streaming a través del siguiente enlace: http://streaming.uniroma3.it/

Esteban Romero Frías, director de Medialab UGR e investigador principal de Knowmetrics, será uno de los participantes. Junto a él, intervendrán:

  • Barbara Bordalejo, Katholieke Universiteit Leuven.
  • Manuel Salamanca, Universidad Complutense de Madrid.
  • Teresa Numerico, Università Roma Tre
  • Manuel Portela, Universidade de Coimbra.
  • Ernesto Priani, Universidad Nacional Autónoma de México.
  • Ernesto Priego, City University of London.
  • Nuria Rodríguez, Universidad de Málaga.
  • Amelia Sanz, Universidad Complutense de Madrid.

En palabras de los propios organizadores, la reflexión que fija la temática del evento y centrará el debate entre los asistentes, podría formularse tal que así:

[Español]

Las denominadas “Digital Humanities” están cada vez más consolidadas a nivel internacional, bien sea institucionalmente, a través de la creación de nuevos centros y organizaciones, bien en el plano de la financiación de la investigación, pues, cada vez más a menudo, tiende a privilegiarse el componente “digital” del proyecto. Aunque las DH pueden constituir un potente instrumento de innovación, es importante recordar que ninguna tecnología es culturalmente neutra. Por ello, esta mesa redonda se propone reflexionar sobre el fenómeno de las DH desde el punto de vista de la sociedad y de la cultura del “Sur”, sometiendo a discusión la adopción crítica de modelos epistemológicos provenientes del Norte del mundo, y ofreciendo una visión alternativa sobre la relación entre saberes, territorios y tecnología digital.

20 de abril, 2017.
14:30 horas.
Sala de reuniones, cuarta planta.
Facultad de Ciencias Políticas,
Università Roma Tre.
Via Chiabrera, 199 – Roma.

[Italiano]

Le cosiddette “Digital Humanities” si stanno sempre più affermando a livello internazionale e istituzionale. Attraverso la creazione di nuovi centri e nuove organizzazioni attraggono risorse e finanziamenti, giacché sempre più spesso nei progetti di ricerca umanistici e sociali viene privilegiata la componente “digitale”. Ma se le DH da un lato possono essere un potente di strumento di innovazione, dall’altro occorre ricordare che nessuna tecnologia è culturalmente neutra. Questa tavola rotonda intende riflettere sul fenomeno delle DH dal punto di vista delle società e delle culture del “Sud”, mettendo in discussione l’adozione acritica di modelli epistemologici e culturali provenienti dal Nord del mondo e offrendo una visione alternativa del rapporto fra saperi, territori e tecnologie digitali.

20 aprile, 2017.
Ore 14.30.
Sala riunioni, IV piano.
Dipartimento di Scienze Politiche,
Università Roma Tre.
Via Chiabrera, 199 – Roma.

[Inglés]

The so-called “Digital Humanities” are nowadays more and more spread at international level; institutionally, on the one hand, considering the raising of new centres and organisations, or taking into account the allocation of resources and the financing of the research, on the other, since the “digital” is turning into a privileged component of the project. Even though the Digital Humanities could be a powerful push towards innovation, it should not be forgotten that any technology is culturally neutral. Hence, this round table seeks to reflect on the DH phenomena from the point of view of the society at large and the culture of the “South”, bringing into discussion the critical adoption of epistemological models coming from the North, at the same time an alternative vision about the relationship amongst knowledge, territories and digital technology is proposed.

20th april, 2017.
14:30 PM.
Meeting room, 4th floor.
Faculty of Political Science,
Università Roma Tre.
Via Chiabrera, 199 – Roma.


Viaje al centro de las Humanidades Digitales (III). Parajes imposibles

Cuaderno de bitácora. Día 15 de nuestra expedición. Por fin el equipo de Knowmetrics ha dado inicio a su andadura. Apenas hemos intercambiado palabra desde que emprendimos el viaje. El silencio, un gemido mudo de estupefacción, se ha convertido en moneda de curso corriente en nuestra pequeña comunidad desde que abandonamos la superficie y nos sumergimos en las profundidades insondables de las Humanidades Digitales. Desde entonces, lo único que se intercambia entre los expedicionarios son miradas incidentales, breves, ocasionales. Ojos que pueden holgarse en la admiración de lo inefable, no desean contemplar nada más. Así andan mis correligionarios, mirando sin ver, esforzándose por dar registro de hasta el más insignificante detalle de los parajes que nos circundan y de los que quedaron atrás. Belleza nunca antes conocida por el hombre, quieren grabarla a fuego en su conciencia, como ya lo está en sus corazones.

Y es que el verbo se queda corto. La geografía, a estas profundidades en el seno de las Humanidades Digitales, ha sido cincelada por leyes físicas que no se conocen en la superficie. Por ejemplo, la forma canónica de institucionalización de la investigación y práctica en las Humanidades Digitales, denominada «centro» (Romero-Frías y Del-Barrio-García, 2014), apenas cuenta con una presencia residual en tanto que entidad promotora de los congresos en el ámbito celebrados en España en el último año. A ello se suma que el departamento universitario, forma privilegiada de estructuración y reconocimiento de una disciplina científica (Romero-Frías y Del-Barrio-García, 2014), ni siquiera se haga presente entre los convocantes. En los eventos auspiciados para facilitar la colaboración entre humanistas digitales que como tales se reconocen, con independencia de su trayectoria académica, y dar continuidad a la construcción de un sentimiento comunitario; aquellas estructuras organizativas de las que tal campo de estudios, por regla consuetudinaria o tradición normativa, se dota, se hallan completamente ausentes. De tal modo, el primer gran aporte hecho por Knowmetrics en esta prospección toma la forma de una duda razonable, pues ¿puede afirmarse que las Humanidades Digitales se encuentran consolidadas como campo de estudios en España?

Que el departamento no aparezca entre las entidades organizadoras no significa que la universidad no tenga peso en la organización de tales eventos. De hecho, en sus diferentes instancias jerárquicas (grupos de investigación, proyectos de investigación, facultades o las propias universidades) monopoliza tales convocatorias casi por completo. Emerge, en este punto, un segundo fenómeno de gran interés para la investigación. Lejos de lo que autores como Rodríguez-Ortega (2014) pudiesen aducir, este campo de estudios, con su concepción disruptiva de la sociedad y la cultura, no ha sido capaz de problematizar los fundamentos mismos de academia. Mas, a la inversa, las Humanidades Digitales sí están viéndose cuestionadas dada su progresiva implantación en el seno de los reductos universitarios. Según parece, las universidades están aceptando de buen grado los retos que a su propio designio y destino aquellas plantean; de ahí que no tengan reparo alguno en tomar la dirección de los congresos que pretenden poner en crisis su propia existencia como institución social. Ahora bien, si esta apuesta decidida por dar impulso a las Humanidades Digitales entre las universidades españolas deriva de la persecución de quimeras o fines espurios, esto es, si las universidades pretenden “sumarse al carro de lo digital” (Spence, 2014), la misma concepción de esta investigación limita el que se puede lanzar aseveración fundamentada alguna al respecto. Sólo el tiempo constituirá un juez válido del compromiso hecho manifiesto por las instituciones superiores españolas de docencia e investigación respecto de la promoción y visibilización de las Humanidades Digitales.

Diferentes ritmos de implantación

Si bien es difícil considerar la consolidación de las Humanidades Digitales como hecho consumado en España –dentro de la academia, pero, muy particularmente, fuera de la misma–; no es menos cierto que la convocatoria de y la participación en los diferentes congresos analizados por el equipo de Knowmetrics puede concebirse como un firme compromiso, materialización de la voluntad de lograr tan ansiada implantación. La comunidad de los humanistas digitales ha de congratularse por la existencia de tan extenso número de iniciativas, tanto a nivel micro (sujetos particulares, grupos o proyectos de investigación) como a nivel macro (facultades, universidades, organismos sin ánimo de lucro o fundaciones), que persiguen dar reconocimiento a su actividad, estimular la colaboración y concitar nuevas vocaciones en este campo de estudios. Sin embargo, cada universidad implementa una estrategia diferente para tratar de lograr el fin perseguido; hecho constatable al poner en relación la adscripción institucional de los sujetos que toman parte en los eventos, por un lado, y las entidades académicas que convocan y acogen tales congresos, por el otro. Así, es posible establecer hasta tres tipologías distintas de universidades, en función del modo en el que entran en relación con el conjunto de la comunidad de las Humanidades Digitales, como actores o nodos de esa red, a saber:

  • Universidades con prestigio entre los humanistas digitales, pero sin congreso propio.
  • Universidades sin apenas prestigio en la comunidad de humanistas digitales, pero que sí han acogido un congreso.
  • Universidades que son, simultáneamente, prestigiosas y que han contado con su propio congreso.

La noción de Prestigio viene dada en virtud del número de conferenciantes pertenecientes a una misma institución académica que han sido invitados a participar en congresos no acogidos por su alma mater. El promedio global se sitúa en 2,2 ponentes propios en eventos ajenos. Toda universidad que se encuentre por encima de este valor, será tomada como prestigiosa. Así, entre aquellas academias que cuentan con el reconocimiento de la comunidad de los humanistas digitales, pero que no han celebrado en 2016 y principios de 2017 un congreso propio, se encuentran las universidades de Barcelona, Granada, Valencia, Alicante y Santiago de Compostela. Algunas ya se encuentran en aras de cambiar de categoría (o ascender en el escalafón, según se quiera concebir), como sería el caso de la Universidad de Granada, la cual celebrará los días 29 y 30 de junio su congreso Territorios Digitales.

En segundo lugar, se encuentran aquellas universidades que han rubricado su apuesta, como institución, por promover y visibilizar a las Humanidades Digitales mediante el hospedaje de algún encuentro; pero que cuentan con escaso o ningún prestigio entre los académicos del área. Son los casos de la Universidad de Sevilla, la Universidad de Castilla-La Mancha, la Universidad de Extremadura y la Universidad Carlos III de Madrid. En todos sus congresos, además, la proporción de ponentes oriundos respecto de los foráneos es bastante acusada.

Finalmente, existen sólo dos casos en los que una universidad aúne el prestigio y la condición de huésped de un evento que presentase por temática central las Humanidades Digitales, como serían la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Si bien ambos merecían un examen detenido, centrar el foco en la UNED permitirá revelar una nueva de esas contradicciones que, a fuerza de sucederse, van a acabar por considerarse ínsitas al mismo despliegue de las Humanidades Digitales en España.

De las cinco convocatorias en las que la Universidad Nacional de Educación a Distancia toma parte, cuatro de ellas corrieron a cargo de la profesora de Literatura Medieval y del Siglo de Oro Elena González Blanco. Ningún otro académico ha tenido semejante grado de proyección en las Humanidades Digitales en España, pues nadie había sido invitado a participar en los congresos con tanta asiduidad. ¿Y quién es Elena González Blanco? La actual presidenta de la Sociedad Internacional de Humanidades Digitales Hispánicas, institución señera en el campo de estudios que le da nombre en España. Su cargo le confiere una paradójica posición, convirtiéndose en gatekeeper de este espacio presuntamente abierto y sin fronteras que son (o deberían ser) las Humanidades Digitales. Su mera presencia pretende conceder a la convocatoria un marchamo de legitimidad dentro de la comunidad de los humanistas digitales, facilitando su visibilización y el reconocimiento entre los iguales. No debe ser casual que su participación se produzca en los congresos de tres de las cuatro universidades que adolecen de prestigio.

De todo lo anterior, cabe deducirse que existen, al menos, tres modalidades y dos ritmos distintos de implantación de las Humanidades Digitales al interior de las instituciones superiores de docencia y ciencia en el Estado español; al menos, en lo que a este respecto dejar translucir el grado de implicación de las diferentes universidades en los diferentes congresos celebrados en fechas recientes. Las modalidades ya se han expuesto más arriba. En lo que refiere a los ritmos, que no es sino otro modo de examinar la relación de cada entidad respecto de la comunidad en su conjunto, considerada como una red de relaciones, es posible hacer distinción entre la marcha lenta y la marcha rápida. La primera alterna influencia y prestigio según cada caso particular; la segunda, por su parte, aúna a ambas para una misma institución.

Conclusión tentativa

En el Estado español, las Humanidades Digitales avanzan moviéndose en la tensión entre la continuidad y la transformación, espoleadas por el despliegue de sus propias contradicciones. Hogaño, se encuentran en un punto de impasse, un momento de transición en el que su propia consolidación como campo de estudios se haya en juego, pero del que es difícil prever su evolución ulterior. Si largo ha sido el camino recorrido hasta la fecha; asaz extenso parece ser el que resta todavía por hollar. Y eso es igualmente aplicable a la labor de los propios expedicionarios de Knowmetrics. Seguimos.

Fotografía: Giant’s Causeway, por Stefan Kloop, con licencia CC by-nc-nd-2.0

 

BIBLIOGRAFÍA

RODRÍGUEZ-ORTEGA, N. (2014). “Humanidades Digitales y pensamiento crítico”, en ROMERO-FRÍAS, E. y SÁNCHEZ-GONZÁLEZ, M. (editores), Ciencias Sociales y Humanidades Digitales. Técnicas, herramientas y experiencias de e-Research e investigación en colaboración. La Laguna (Tenerife), Cuadernos Artesanos de Comunicación.

ROMERO-FRÍAS, E. y DEL-BARRIO-GARCÍA, S. (2014). Una visión de las Humanidades Digitales a través de sus centros. El Profesional de la Información, 23 (5), pp. 485-492.

SPENCE, P. (2014). “La investigación en Humanidades Digitales en el mundo hispano”, en ROMERO-FRÍAS, E. y SÁNCHEZ-GONZÁLEZ, M. (editores), Ciencias Sociales y Humanidades Digitales. Técnicas, herramientas y experiencias de e-Research e investigación en colaboración. La Laguna (Tenerife), Cuadernos Artesanos de Comunicación.


Viaje al centro de las Humanidades Digitales (II). El plan

Un sinfín de peligros aguardan al equipo de Knowmetrics en su rumbo hacia lo desconocido. Si bien duros de carácter y firmes en su determinación de llegar hasta los confines del campo de las Humanidades Digitales, los aguerridos integrantes de la expedición no lograrán éxito en su empresa si no se encuentran convenientemente pertrechados y perfilan de forma exhaustiva los pasos que van a dar a lo largo de su viaje. No hay pretensión, por más elevada en sus fines o ambiciosa en sus propósitos, que pueda alcanzarse satisfactoriamente sin contar con un buen plan de trabajo que defina cómo actuar ante las necesidades y urgencias que habrá que atender en cada etapa del camino, los protocolos de actuación ante las más diversas situaciones, las alternativas que pueden explorarse si todo el plan se derrumba ante una circunstancia inesperada y continuar por la vía prevista no constituye una opción factible. Complicada relación de interdependencia la que se establece entre fin y medio, entre objetivo y método. Cuando, además, la ruta a transitar resulta ignota, como es el caso, la trascendencia de la estrategia expedicionaria utilizada se incrementa en varios grados.

Así como el alquimista islandés Arne Saknussemm contaba con intuición y un buen sentido de la orientación, cualidades que le llevaron hasta la misma boca del volcán Snæfellsjökull sin ninguna otra ayuda; los integrantes de Knowmetrics poseen una brújula (el más importante de los recursos en cualquier trayecto hacia lo desconocido) en forma de preguntas de investigación a dar respuesta y objetivos a perseguir, de las que ya se dejó constancia en la primera entrada de este cuaderno de viaje. Resuelta la cuestión de hacia dónde se dirigen los pasos de la expedición, queda por responder la pregunta de cómo se llegará hasta el centro mismo de las Humanidades Digitales en España. De no haber tenido la fortuna de ser escupidos por el Estrómboli, la mala planificación de Axel y Otto Lidenbrock hubiese puesto en peligro su propia supervivencia. El viaje de Knowmetrics no es menos arriesgado; los parajes a los que se encamina no resultan menos remotos; las dificultades que le acechan tras cada esquina, menos peligrosas. En esta trance, el método implementado por el equipo de Esteban Romero Frías habrá de mostrar su valía. De ningún otro factor depende la supervivencia de los expedicionarios; con ningún otro recurso se encuentran aprovisionados.

 

Metodología de investigación

El primer paso consistirá en recabar todos aquellos congresos celebrados en el Estado español en el último año, desde enero de 2016 hasta febrero de 2017, cuya temática verse sobre las Humanidades Digitales. La información ha sido obtenida de la lista de distribución de la Sociedad Internacional de Humanidades Digitales Hispánicas, la asociación más importante en este campo en España. A través de este medio, cualquier persona puede promocionar un evento que, a su juicio, resulte de pertinencia para los contenidos que son propios de la lista de correos. Como no todos los congresos anunciados aquí luego son recogidos en las secciones de “Noticias” o “Actividades y congresos” de la antiguamente nombrado Asociación de Humanidades Digitales Hispánicas, el corpus de casos de estudio se ampliará notablemente.

A continuación, se recopilaron los datos sobre las entidades organizadoras de y los participantes en tales eventos. En el primer nivel de análisis, se estableció la siguiente categorización de tales organismos:

  • Individuos.
  • Grupos de investigación.
  • Proyectos de investigación.
  • Facultades.
  • Unversidades.
  • Centros de investigación/Laboratorios/Institutos.
  • Fundaciones/Organizaciones sin ánimo de lucro.
  • Otros.

En lo que respecta a los participantes, se tuvieron en cuenta tanto los conferenciantes y ponentes, como aquellas personas vinculadas a la celebración del evento de otro modo, por ejemplo, mediante la moderación de mesas redondas o la presentación de otros individuos. También se extrajo de los diferentes programas de los congresos aquella adscripción institucional asociada a cada participante. Cuando esta información no se facilitaba (afortunadamente, fue en el menor de los casos), se determinó mediante una búsqueda en Internet del nombre de la persona en cuestión.

De momento, la planificación apenas ha llegado a su punto intermedio. El otro gran pilar sobre el que se sostiene la investigación es el cuestionario. Mediante este, se podrá indagar en el estado actual de la actividad académica desplegada en el seno de las Humanidades Digitales en España partiendo de la información que faciliten los protagonistas de la misma. Contando con su complicidad y colaboración, se conocerán aspectos tales como:

  • Proyectos de investigación en el campo de las Humanidades Digitales a los que se encontrasen vinculados, así como los outputs por estos generados. Así, se pondrían en relieve características esenciales de tales proyectos, como el tipo de redes de trabajo en las cuales se inscriben o la financiación percibida. También podría determinarse su grado de innovación, en base a la proporción entre artefactos digitales y otros recursos más convencionales producidos.
  • Identidad digital del investigador. Un aspecto clave para los humanistas digitales. No sólo se identificarán aquellas redes sociales empleadas con fines académicos (¿Puede usarse Facebook para investigar, por ejemplo?), sino también cuáles son los usos efectivos que de las mismas se hacen.

Ya se dijo, de algún modo, más arriba: no hay descubrimiento sin un buen plan de acción, exploración sin previsión, hallazgo sin examen analítico. A la sazón, el proyecto Knowmetrics puede sentirse orgulloso del método de investigación implementado en su prospección, pues éste no se ha demorado en devolver los primeros e interesantes resultados en relación al grado de implantación de las Humanidades Digitales en España, y el peso adquirido por la academia en este particular. No vale la pena precipitarse ni adelantar acontecimientos, sin embargo. El trayecto hasta esta particular Ítaca hacia la que la expedición se encamina será largo, pero, como advertía Konstantinos Kaváfis, “[…] no hagas con prisa tu camino;/ mejor será que dure muchos años,/ y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,/ rico de cuanto habrás ganado en el camino”.

 

Fotografía: maletes, de Xavi, con licencia CC by-nc-nd-2.0.


Viaje al centro de las Humanidades Digitales (I). La misión

El equipo de Knowmetrics se ha propuesto un viaje. Quiere explorar territorio ignoto hasta la fecha, llegar al centro mismo de las Humanidades Digitales que se desarrollan en el Estado español. La expedición parte en busca del conocimiento y la aventura; desea hallar los tesoros enterrados en los confines de las disciplinas humanísticas, descubrir las criaturas fantásticas que moran en tales profundidades, y perder sus pasos por parajes imposibles, cincelados por leyes físicas distintas a las que rigen en la superficie de la corteza terrestre.

Entre nuestro viaje y aquel narrado en la novela de Julio Verne de la que esta entrada toma nombre existe un único punto en común. Ambos relatos se encuentran hermanados en la épica intrínseca a la aventura emprendida, pero se diferencian en todo lo demás. Verne escribió la historia de Axel y su hirsuto tío, el afamado profesor de Mineralogía Otto Lidenbrock, quienes lograron descifrar el pergamino con las precisas indicaciones que les conducirían hasta las profundidades del volcán Snæfellsjökull. La narración de la tarea que el equipo de Knowmetrics está determinado a desarrollar, sin embargo, sólo podría ser equiparable a la precuela de Viaje al centro de la tierra que nunca existió, y en la que Arne Saknussemm es el protagonista. El alquimista islandés abrió el camino que luego recorrerían los dos familiares creados por el escritor francés, sin contar con más guía que el instinto propio, el afán exploratorio y la determinación de no rendirse, por más ardua que fuese la búsqueda de la senda que llevaba hasta las entrañas mismas del planeta Tierra. Ese espíritu aguerrido es el que requiere Knowmetrics en esta aventura, pues nosotros, como Saknussemm, somos pioneros en nuestra labor.

¿Y qué fin persigue tan arriesgada empresa, nunca antes impulsada? Pues, más allá de la pretensión de conocer, explorar y obtener conocimiento con el que alimentar el gran libro de la Ciencia con los relatos fascinantes de las aventuras vividas; los objetivos específicos en los que esta prospección en la producción científica de las Humanidades Digitales en el Estado español se materializa, serían:

  • Identificar las instituciones más activas en la organización de congresos en el campo de las Humanidades Digitales, con particular incidencia en la proporción entre las entidades de tipo académico y no académico que toman parte.
  • Componer el perfil de todo aquel que ha participado en los eventos, como ponente, como moderador o asumiendo otras funciones. En este plano, hay tres dimensiones esenciales que se quieren abordar: adscripción institucional, procedencia disciplinar e identidad digital.
  • Generar la taxonomía de artefactos digitales en el marco de los proyectos de investigación, enmarcados en el campo de las Humanidades Digitales, en los que tales académicos participan.
  • Determinar cuáles son las características de las redes de trabajo en las que los humanistas digitales se inscriben, en base a los siguientes parámetros: carácter formal o informal de las mismas; adscripción institucional del director del grupo; procedencia disciplinar de los integrantes; y, finalmente, grados y niveles de la colaboración científica que se establece en su seno.

Como prospección que es, las conclusiones que pudiesen desarrollarse a colación del trabajo desplegado no serán sino tentativas, por lo que se necesitará de ulteriores indagaciones en ciertos aspectos específicos para perfilar con mayor precisión las características que presentan las Humanidades Digitales en España. Sin embargo, la integración efectiva de los diferentes niveles de análisis permitirá componer una panorámica global del estado de la producción científica actual en el área que ayude a determinar, por ejemplo, el grado de implantación y consolidación de las Digital Humanities en el seno de la academia; el interés que suscita en la sociedad civil este campo de estudios; o el uso efectivo que hacen de las plataformas comunicativas y los recursos de la Web 2.0. todos aquellos que se reconocen, a través de su participación en los congresos analizados, en la comunidad de los humanistas digitales.

Ímprobo esfuerzo el que queda por delante. Muchas leguas de viaje, transitando vías muertas y caminos que conducen a ninguna parte. Innumerables los peligros que acechan a la expedición en las profundidades insondables y los inhóspitos parajes que sus pasos recorrerán. Sin guía ni mapa, sólo la fundamentación teórica de la que este trabajo se ha dotado, sustentada en una definición estratégica de las Humanidades Digitales, sirve como brújula. No hay temor posible, los pasos del equipo no se extraviarán. Mas, si deseas llegar con Knowmetrics al final de este largo trayecto, no dejes de leer el cuaderno de viaje. Nunca se sabe cuándo los protagonistas saldrán despedidos por la boca de un volcán…

 

Fotografía: Grottes des Demoiselles, por graham chandler, con licencia CC by-nc-nd-sa-2.0.


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