Encuentro-taller sobre diseño de nuevas propuestas de evaluación del conocimiento digital

El miércoles 28 de junio, a modo de antesala del I Congreso Internacional “Territorios Digitales”, celebraremos un encuentro-taller sobre diseño de nuevas propuestas de evaluación del conocimiento digital en el marco del proyecto Knowmetrics, financiado por la Fundación BBVA. La cita será a las 18 horas en la Sala de Conferencias  del CTT (Gran Vía, 48; sexta planta).

La actividad también se encuentra dentro de las actividades promovidas desde la iniciativa Ciencias Sociales y Humanidades Digitales del Sur (#CSHDsur).

La sesión comenzará con una puesta al día de los avances del proyecto y de sus próximos pasos. Para ello, centraremos nuestros esfuerzos en el diseño.

Los objetivos de la sesión serán:

  • compartir experiencias sobre los problemas en la evaluación del conocimiento generado en entornos digitales, particularmente en el ámbito de las Humanidades Digitales;
  • plantear formas de reconocimiento académico que recojan la pluralidad de manifestaciones en el ámbito digital;
  • diseñar las características que debería tener una red social para humanistas y científicos sociales digitales con el fin de convertirse en un portfolio de sus diversos impactos y en una red para la generación de conexiones y proyectos.

La duración aproximada de la sesión será de 2 horas y media, después de lo cual os animamos a tomar algo a modo de prólogo social al Congreso que iniciamos el jueves 29.

El taller está organizado por Medialab UGR y el proyecto Knowmetrics, con la colaboración del Proyecto de Innovación Educativa 15-188 de la Universidad de Málaga, liderado por Nuria Rodríguez.

Más info del evento en la entrada original del blog medialab.ugr.es

Foto de portada: “Atelier Decor”, Lennart Tange, CC by 2.0, https://flic.kr/p/e26X2F 


El impacto de las «altmetrics» que miden el impacto

Recurrir a la definición fijada, pulida y resplandeciente que ofrece la Real Academia de la Lengua suele ser un recurso socorrido para tratar de contrastar con la realidad las suspicacias que merezca el uso común dado a un determinado concepto. Procediendo así, se encuentra que una de las entradas para el término «impacto» corresponde al “[e]fecto de una fuerza aplicada bruscamente”. De tal modo, la Cienciometría, disciplina encargada del estudio y evaluación de la producción científica, lleva décadas ocupándose de cómo los productos de la actividad científica generan un efecto en la institución científica al ser aplicados en ella “bruscamente”. Lejos de modificar su planteamiento, en época reciente se ha asistido justo al proceso inverso, es decir, tales concepciones de los outputs científicos han trascendido los estudios bibliométricos convencionales para alcanzar, por un lado, las nuevas formas de baremar la calidad científica que los recursos digitales auspician (altmetrics); y, por el otro, a aquellas dimensiones de la labor del académico que habían escapado a las garras de los protocolos y estándares de evaluación, como ocurre con el denominado «impacto social».

Pues bien, altmetrics e «impacto social» de la labor académica mantienen una relación muy estrecha entre sí. No es ésta profunda ni necesaria, sin embargo, sino contingente, marcada por la oportunidad. Las conocidas como altmetrics son nuevos indicadores para medir la producción científica que se basan o derivan de las plataformas de comunicación de la Web (Torres-Salinas et al., 2013). En un sentido estricto, su campo de acción lo constituyen las interacciones de los usuarios con los materiales generados por los investigadores (papers, libros o capítulos de libros, etcétera); si bien no es menos cierto que su misma definición no las subsume a estos. Es decir, casi cualquier objeto digital o tipo de interacción susceptibles de protocolos de evaluación, pueden tildarse de altmetrics. La ulterior imbricación de lo “social” en las altmetrics sobrevino ante la incapacidad manifiesta de tales procedimientos de medición del «impacto» para determinar qué es exactamente lo que estaban ponderando (Torres-Salinas et al., 2013). Se llegó a la conclusión de que no se podía tratar de la repercusión académica, pues no todos los usuarios de las plataformas analizadas eran científicos. Esa heterogeneidad de las audiencias, a la manera de los medios de comunicación convencionales, convirtió a la etiqueta «impacto social» en un comodín. De tal modo, queda fuera de lo computable la contribución efectiva que pueda hacerse a la mejora del bienestar social, o el carácter fecundo de su aporte al debate acerca de cómo vivimos y nos organizamos en sociedad; el «impacto» no es qué hace esa investigación por la sociedad, sino qué hace la sociedad con esa investigación. El matiz resulta determinante.

En esta translación y actualización del concepto de engagement, fuera fruto del azar, de la serendipia o de la inconsistencia conceptual o metodológica de la nueva propuesta evaluativa, el impacto venía dado por su carácter revelador. En una época tan temprana para la adopción de las herramientas digitales para la comunicación científica como es el año 2013 (un año atrás, Fitzgerald, 2012, describía un sistema de revisión de publicaciones comunitario sostenido en las métricas de las interacciones web, sin usar en ningún momento el término altmetrics, tan bisoño por entonces), ya comenzaba a percibirse que el campo de las mediaciones ciencia-sociedad, tradicionalmente dominado por la industria mediática en su sentido más amplio, se encontraba en plena transformación.

La mayor parte de la población no experimenta la actividad científica, no accede a su actualidad, sino a través del relato que otros hacen sobre ella. Antes, los medios de comunicación. Ahora, todas esas plataformas comunicativas que pueden resumirse, sucintamente, en redes sociales. Nuevos medios para viejos propósitos. Periódico, radio o televisión ya jugaron su papel en la búsqueda de la complicidad de los públicos por parte de la institución científica. En algunos casos, además, con efectos extremadamente positivos: en comunicación científica, se suele hablar del efecto The New York Times para describir el incremento de citas recibidas por un artículo científico cuando la investigación a la que aquel remite es objeto de noticiabilidad para el periódico norteamericano. Análogos efectos se han encontrado al hacer el mismo estudio en otras publicaciones señeras. Sucintamente, la proyección mediática de la práctica científica revierte de modo positivo en su repercusión académica.

La Comunicación Social de la Ciencia no se conformó hace diez años, ni es deudora, en pequeño o amplio grado, de las plataformas comunicativas de la Web (ni qué decir de las redes sociales). Como estrategia comunicativa deliberada y centralizadamente implementada, su origen se remonta tan atrás como lo hace la constitución de los sistemas nacionales de ciencia y tecnología (estructuras jerárquicas y piramidales de toma de decisiones y emplazamiento de recursos), tras la II Guerra Mundial. Su fin es incidir en la opinión pública para crear un estado favorable a la prosecución de la investigación científica, y, en ese sentido, se convierte en una herramienta de intervención política de primer orden. Al fin y al cabo, sobre el voto y los impuestos del ciudadano se sustenta la continuidad de la financiación de la práctica científica (Arboledas, 2016). Informar e instruir al ciudadano, considerado como un lego en materia de ciencia, se convierte en recurso estratégico de gran valor.

En el nuevo escenario auspiciado por las plataformas comunicativas generadas en la Web, entre los muchos y muy notables cambios introducidos en las nuevas mediaciones ciencia-sociedad, cabe destacar que es responsabilidad absoluta del académico el llevar a cabo la labor de engagement, sin más soporte que su propia competencia digital. Este extremo no se revela en todo su esplendor y extensión hasta que la nueva concepción de las altmetrics hace acto de presencia, abandonando la medición de las menciones a un determinado artículo o producto científico en las interacciones entre usuarios de las plataformas comunicativas (en continuidad con la lógica de la bibliometría convencional; sólo cambia el formato de comunicación en el que la citación se registra), para centrar su foco de atención en las redes de relaciones que el investigador teje en estos mismos espacios. La nueva aproximación metodológica se conoce como “interaction approach” (Ràfols et al., 2017), y parte de la asunción de que el «impacto social» no se explica sin búsqueda de la complicidad, como tampoco puede concebirse fuera del contexto de interacciones en el que el engagement toma forma.

La red de relaciones que ocupa el estudio bajo el prisma de esta propuesta novedosa, viene dada por la estructura de interacción “seguidores-seguidos” que un investigador cualquier sometido a evaluación ha forjado en Twitter, al dar esta constancia del interés mutuo entre dos entidades y facilitar la comunicación bidireccional. Tal procedimiento, además, permite aunar cantidad y calidad de la audiencia, estratificándola en función de unos ciertos parámetros. Romero-Frías y Robinson-García (2017) implementan esta metodología para ponderar si el laboratorio universitario de innovación Medialab UGR alcanza a su público objetivo. Mutatis, mutandis, sólo hay que reemplazar ese ente por el investigador objeto de evaluación, y determinar a priori cuál debe ser su target de audiencia. «Impacto social» transfórmase en reconocimiento social, aspecto que funciona en un plano bien distinto al de la calidad de la producción científica medida en términos de contribución al bienestar social. Y el reconocimiento, a su vez, se formula operativamente como influencia y capacidad de informar la política científica, académica y, por qué no, también económica.

Esto, en cuanto a las consecuencias postreras, en el dominio teórico-político, de la definición silente que los protocolos de medición del «impacto social» articulan. En el dominio específico de la praxis, las altmetrics creadas para ponderar el impacto, han terminado por impactar, y con gran fuerza, en la estructura de la actividad científica. En tanto que el engagement se convierte en objeto de evaluación de la actividad de un investigador, sus beneficios dejan de ser indirectos (potencial incremento de su citación a tenor de su exposición pública), y pasan a ser directos e inmediatamente tangibles, coadyuvando a su promoción al interior de la meritocrática institución mertoniana. Por contrapartida, su incorporación a los protocolos de evaluación convierte a esta pretensión de confidencia con el público (o con públicos específicos) adopta un carácter coactivo. El académico está obligado a adoptar e incorporar a sus rutinas el empleo de plataformas comunicativas y redes sociales, pues buena parte de sus opciones de medro en el seno de la comunidad científica terminarán por jugarse en ese terreno. Así pues, la «acccelerated academy» no disminuye su ritmo; sólo ha modificado su ruta.

Estando en las postrimerías de esta entrada de blog, todavía no se ha referido ninguna definición formal de «impacto social», pese a haber ocupado el centro de la reflexión. Ello encuentra su razón de ser en el hecho de que no es éste concepto en disputa, de ahí que suela darse por conocido y asimilado; es la forma de operativizar, computar y evaluar lo que resulta objeto de controversia. Quizás sea éste signo del reconocimiento de una derrota, o tal vez la constatación de una renuncia, pues el público sigue permaneciendo cautivo de un desarrollo científico en el que sólo parcial y puntualmente participa (proyectos de crowd science, en los que el involucramiento de más amplios públicos responde a un fin instrumental), y cuya política rectora lejos está de comandar. Queda fuera de toda duda que este extremo no va a cambiar por más que hogaño, para ponderar la brusquedad con la que el académico repercute con su trabajo en la sociedad, se deje de evaluar el contenido de su bloc de notas de trabajo y se pase a hacerlo de su agenda de contactos.

 

Bibliografía

ARBOLEDAS, Luis (2016). Las empresas spin-off, bajo el prisma de la Comunicación Social de la Ciencia. Trabajo de Fin de Máster. Universidad de Granada.

FITZGERALD, Kathleen (2012). “Beyond metrics: Community authorization and open peer review”, en GOLD, Matthew K., Debates in the Digital Humanities. Minneapolis, University of Minnesota Press.

TORRES-SALINAS, Daniel; CABEZAS-CLAVIJO, Álvaro; JIMÉNEZ-CONTRERAS, Evaristo (2013). Altmetrics: Nuevos indicadores para la comunicación científica en la Web 2.0, en Comunicar, 21 (41), pp. 53-60.

RÀFOLS, Ismael; ROBINSON-GARCÍA, Nicolás; VAN LEEUWEN, Thed N. (2017). Using altmetrcis for contextualised mapping of societal impact: From hits to networks. SSRN. [Recurso electrónico]. Consultado el 24 de abril de 2017.

ROMERO-FRÍAS, Esteban; ROBINSON-GARCÍA, Nicolás (2017). Laboratorios sociales en universidades: Innovación e impacto en Medialab UGR. Comunicar, 25 (51), pp. 29-38.

 

Fotografía: Impact, por Walter-Wilhelm, con licencia CC-by-2.0.

 


Viaje al centro de las Humanidades Digitales (I). La misión

El equipo de Knowmetrics se ha propuesto un viaje. Quiere explorar territorio ignoto hasta la fecha, llegar al centro mismo de las Humanidades Digitales que se desarrollan en el Estado español. La expedición parte en busca del conocimiento y la aventura; desea hallar los tesoros enterrados en los confines de las disciplinas humanísticas, descubrir las criaturas fantásticas que moran en tales profundidades, y perder sus pasos por parajes imposibles, cincelados por leyes físicas distintas a las que rigen en la superficie de la corteza terrestre.

Entre nuestro viaje y aquel narrado en la novela de Julio Verne de la que esta entrada toma nombre existe un único punto en común. Ambos relatos se encuentran hermanados en la épica intrínseca a la aventura emprendida, pero se diferencian en todo lo demás. Verne escribió la historia de Axel y su hirsuto tío, el afamado profesor de Mineralogía Otto Lidenbrock, quienes lograron descifrar el pergamino con las precisas indicaciones que les conducirían hasta las profundidades del volcán Snæfellsjökull. La narración de la tarea que el equipo de Knowmetrics está determinado a desarrollar, sin embargo, sólo podría ser equiparable a la precuela de Viaje al centro de la tierra que nunca existió, y en la que Arne Saknussemm es el protagonista. El alquimista islandés abrió el camino que luego recorrerían los dos familiares creados por el escritor francés, sin contar con más guía que el instinto propio, el afán exploratorio y la determinación de no rendirse, por más ardua que fuese la búsqueda de la senda que llevaba hasta las entrañas mismas del planeta Tierra. Ese espíritu aguerrido es el que requiere Knowmetrics en esta aventura, pues nosotros, como Saknussemm, somos pioneros en nuestra labor.

¿Y qué fin persigue tan arriesgada empresa, nunca antes impulsada? Pues, más allá de la pretensión de conocer, explorar y obtener conocimiento con el que alimentar el gran libro de la Ciencia con los relatos fascinantes de las aventuras vividas; los objetivos específicos en los que esta prospección en la producción científica de las Humanidades Digitales en el Estado español se materializa, serían:

  • Identificar las instituciones más activas en la organización de congresos en el campo de las Humanidades Digitales, con particular incidencia en la proporción entre las entidades de tipo académico y no académico que toman parte.
  • Componer el perfil de todo aquel que ha participado en los eventos, como ponente, como moderador o asumiendo otras funciones. En este plano, hay tres dimensiones esenciales que se quieren abordar: adscripción institucional, procedencia disciplinar e identidad digital.
  • Generar la taxonomía de artefactos digitales en el marco de los proyectos de investigación, enmarcados en el campo de las Humanidades Digitales, en los que tales académicos participan.
  • Determinar cuáles son las características de las redes de trabajo en las que los humanistas digitales se inscriben, en base a los siguientes parámetros: carácter formal o informal de las mismas; adscripción institucional del director del grupo; procedencia disciplinar de los integrantes; y, finalmente, grados y niveles de la colaboración científica que se establece en su seno.

Como prospección que es, las conclusiones que pudiesen desarrollarse a colación del trabajo desplegado no serán sino tentativas, por lo que se necesitará de ulteriores indagaciones en ciertos aspectos específicos para perfilar con mayor precisión las características que presentan las Humanidades Digitales en España. Sin embargo, la integración efectiva de los diferentes niveles de análisis permitirá componer una panorámica global del estado de la producción científica actual en el área que ayude a determinar, por ejemplo, el grado de implantación y consolidación de las Digital Humanities en el seno de la academia; el interés que suscita en la sociedad civil este campo de estudios; o el uso efectivo que hacen de las plataformas comunicativas y los recursos de la Web 2.0. todos aquellos que se reconocen, a través de su participación en los congresos analizados, en la comunidad de los humanistas digitales.

Ímprobo esfuerzo el que queda por delante. Muchas leguas de viaje, transitando vías muertas y caminos que conducen a ninguna parte. Innumerables los peligros que acechan a la expedición en las profundidades insondables y los inhóspitos parajes que sus pasos recorrerán. Sin guía ni mapa, sólo la fundamentación teórica de la que este trabajo se ha dotado, sustentada en una definición estratégica de las Humanidades Digitales, sirve como brújula. No hay temor posible, los pasos del equipo no se extraviarán. Mas, si deseas llegar con Knowmetrics al final de este largo trayecto, no dejes de leer el cuaderno de viaje. Nunca se sabe cuándo los protagonistas saldrán despedidos por la boca de un volcán…

 

Fotografía: Grottes des Demoiselles, por graham chandler, con licencia CC by-nc-nd-sa-2.0.


A vueltas con el concepto de Humanidades Digitales

Emplear la etiqueta «Humanidades Digitales» es el equivalente en el campo de las disciplinas humanísticas a pronunciar tres veces el nombre de Beetlejuice en la película anónima de Tim Barton: siempre aventura funestos designios para quien lo hace. En un caso, se invoca al pícaro y grotesco bioexorcista encarnado por Michael Keaton, experto en generar más problemas de los que trata de solventar; en el otro, se hace presente la imperiosa necesidad de conferir al término una determinada definición (como si todas las que tuviese ya no fuesen suficientes), suscitando, con ello, el debate más feroz y las críticas más furibundas. Pero ni siquiera se logra aquí espantar a los «no muertos»; tan siquiera desalentar, cuanto menos, la reincidencia. Por tanto, por ser una constante en cualquier trabajo, publicación o encuentro dedicado al ámbito de las Humanidades Digitales, cabe preguntarse por qué existe tal grado de histeria en lo que respecta a conceptualizar este emergente campo de estudios; cuál es el motivo de que existan tantas definiciones; y, derivado de lo anterior, qué explica el hecho de que ninguna de ellas haya logrado concitar los suficientes adeptos como para poner fin, aunque sea temporalmente, a semejante discusión.

Pues de ninguno de esos interrogantes se va a ocupar esta entrada, así que pido disculpas por las expectativas frustradas. Su objeto lo ocupa, más bien, el carácter estratégico que adquiere cualquier debate sobre la definición misma de una determinada disciplina, y en qué medida el proyecto Knowmetrics tiene algo que aportar en relación a aquel que se despliega en el seno de las Humanidades Digitales. Al objeto de aportar diferentes concepciones de este último campo de estudios, mentes lúcidas e ínclitos académicos han ocupado durante años su tiempo y esfuerzo, por lo que habrá de admitirse que la cuestión debe de presentar alguna trascendencia. La polémica puede considerarse más o menos edificante, pero minusvalorar su importancia formalizar la renuncia, formulada en forma explícita o subrepticia, a tomar partido. Postura esta que se mueve entre lo ingenuo y lo temerario, desde luego, tomando en consideración que en torno al concepto de las Humanidades Digitales se está librando una batalla inmisedicorde frente a la que nadie puede quedar impasible.

Grosso modo, es posible identificar dos grandes “compromisos epistémicos” (Svensson, 2010) actualmente desplegando su actividad en el campo de las Humanidades Digitales. Cada una de ellos enraíza, a su vez, con sendas tradiciones académicas que han dominado o, al menos, cobrado notable importancia en diferentes etapas de la trayectoria histórica de este campo de conocimientos, a saber: Humanities Computing y New Media Studies. Así, para el primer caso, la convergencia entre el elemento digital, la computación y los saberes humanísticos se concibe como un espacio para la generación de herramientas y artefactos que posibiliten técnicas de investigación diferentes e innovadoras; recursos metodológicos novedosos con los que dar respuesta a las preguntas clásicas de las disciplinas humanísticas. Por su parte, en los últimos años se ha ido articulando otro paradigma completamente distinto, el cual Rodríguez-Ortega (2014) define del siguiente modo: “[L]o que define las Humanidades Digitales […] es ‘pensar’ el mundo de manera diferente a través de las especificidades que definen el medio digital y el pensamiento computacional”. Se opera aquí un cambio importante en el énfasis conferido a la dimensión académica desde la que se aborda el elemento digital, el cual abandona su condición anterior de mera herramienta de trabajo investigador para adquirir una posición mucho más noble: como campo de estudios en sí mismo, y como recurso hermenéutico desde el que interpretar los cambios en la cultura y la sociedad actual.

En cada artículo, en cada ponencia, en cada propuesta presentada a un congreso, en fin, a través de cada definición particular que se ofrece de las Humanidades Digitales, los proponentes se inscriben en una u otra línea teórica, delineándose así las posiciones en el seno de la comunidad. La conceptualización misma de la disciplina se convierte en el objeto en disputa, pues cada parte involucrada trata de hacer valer una concepción cuya realización más acabada consiste en “tener, ser o hacer lo que ellos [los bandos] tienen, son o hacen”, según Pierre Bourdieu (1975). El ser un campo de estudios emergente no es óbice para que en las Humanidades Digitales emerjan las relaciones de fuerza, luchas de poder y estrategias de acción política que son comunes a cualquier disciplina científica; la apropiación de la autoridad científica, entendida como capacidad de hablar e intervenir legítimamente en materia de ciencia, es el motor de la pugna y el horizonte hacia el que ésta se proyecta. Todo cambio en la hegemonía científica encuentra, a su vez, reflejo en la redefinición de las fronteras establecidas entre esta disciplina y el resto, fenómeno que evidencia de forma prístina e incontrovertible la existencia, en efecto, de una guerra abierta en el seno de las Humanidades Digitales. En determinar quién está dentro y quién debe de quedarse fuera, las dos posturas beligerantes mencionadas más arriba resultan recíprocamente excluyentes.

 

El debate por determinar cuán espacioso debe ser el «Big Tent» no tiene nada de escolástico, aunque pudiese parecer lo contrario. En tanto que las Humanidades Digitales “constituyen hoy un ámbito institucional: con sus departamentos, grados y posgrados, asociaciones, […] y un largo etcétera” (Ortega-Rodríguez, 2014), hay intereses materiales ―financiación para proyectos de investigación, institutos, laboratorios, etcétera― y simbólicos ―reputación académica y social― en liza. Imponer el concepto preponderante de Humanidades Digitales es el primer paso para asumir el control de las estructuras de poder de las que este ámbito de estudios se ha dotado.

¿Y algo de esto importa para el proyecto de investigación Knowmetrics? La respuesta es obvia, teniendo en cuenta que se ocupará de analizar y evaluar la producción científica que se genera al interior del campo de estudios de las Humanidades Digitales, abierto en canal por esta guerra intestina, sin cuartel ni solución a la vista. El único modo de trascenderla para lograr el fin perseguido, evitando atrincheramientos dogmáticos y posiciones dicotómicas, estriba en redefinir por completo el escenario en el que la lucha se despliega. En consecuencia, Knowmetrics rubrica la soberbia caracterización ofrecida por Svensson (2012), quien concibe las Humanidades Digitales como un zoco o un intercambiador abierto en el que convergen autores, prácticas y disciplinas de lo más diverso, y que tiene a lo digital como epicentro de su configuración geográfica. Las más variadas modalidades de relación entre lo computacional y lo humanístico tienen igualmente cabida, así que las diferentes tradiciones epistémicas pueden reconocerse bajo la misma etiqueta sin tener que porfiar por su dominio. El carácter estratégico de la definición adoptada se revela en el hecho de que, gracias a la misma, la identificación de los humanistas digitales (pilar esencial de este trabajo de investigación en su perspectiva micro) se puede desarrollar no en base a criterios restrictivos formulados a priori, sino en virtud del autorreconocimiento, el deseo y la voluntad de ser parte integrante de la comunidad de los humanistas digitales. En sus instituciones y centros de estudio, en sus espacios de trabajo, en sus publicaciones más conspicuas y, sobre todo, en sus foros de debate; ahí es donde el proyecto Knowmetrics desplegará la labor de análisis de la producción científica en el marco de la sociedad digital que le fue encomendada.

Mas esta decisión no sólo tiene repercusiones de primer nivel en el plano de la investigación. A partir y a través del proceso de identificación de humanistas digitales que se desarrollará, se espera generar un artefacto digital muy particular: una red social para académicos en el área, concebida como herramienta con la que facilitar su contacto mutuo y comunicación; auspiciar redes de intercambio; incitar a la colaboración científica; y, cómo no, construir y potenciar el sentimiento de pertenencia a la comunidad de las Humanidades Digitales.

 

Bibliografía

  • BOURDIEU, Pierre (1975). “El campo científico”, Redes, Revista de Estudios Sociales de la Ciencia. Vol. I (2), pp.131-160.
  • RODRÍGUEZ-ORTEGA, Nuria (2014). “Prólogo: Humanidades Digitales y pensamiento crítico”, en ROMERO-FRÍAS, Esteban y SÁNCHEZ-GONZÁLEZ, María (editores). Ciencias Sociales y Humanidades Digitales. Técnicas, herramientas y experiencias de e-Research e investigación en colaboración. La Laguna (Tenerife), Cuadernos Artesanos de Comunicación.
  • SVENSSON, Patrik (2012). “Beyond the Big Tent”, en GOLD, Matthew K. (editor), Debates in the Digital Humanities. Minneapolis, University of Minnesota Press.
  • SVENSSON, Patrik (2009). “Humanities Computing as Digital Humanities” [en línea], Digital Humanities Quarterly, 3 (3). [Consultado el 4 de marzo de 2017]. Disponible en: http://www.digitalhumanities.org/dhq/vol/3/3/000065/000065.html

Los indicadores bibliométricos se hacen visuales gracias a Livemetrics

El pasado mes de octubre se presentó en el Centro de Transferencia Tecnológica de la Universidad de Granada Livemetrics, una plataforma de visualización de indicadores bibliométricos relativos a la produccón científica de la institución académica que ha sido posible gracias al trabajo conjunto entre Medialab UGR – Laboratorio de Investigación en Cultura y Sociedad Digital y la Unidad de Bibliometría, ambos integrados en la estructura del Vicerrectorado de Investigación y Transferencia de la Universidad de Granada.


La principal pretensión de Livemetrics es ofrecer de una manera atractiva, dinámica y actualizada los datos correspondientes a algunos de los parámetros más relevantes por los que se evalúa la actividad científica desplegada por la Universidad de Granada, haciéndolos, así, accesibles a cualquier público en ellos interesado. Este compromiso con la transparencia se acompaña de un carácter innovador y, sobre todo, experimental, pues Livemetrics seguirá creciendo y evolucionando, integrando nuevos recursos y herramientas de visualización para ofrecer al usuario una información más completa y una mejor experiencia en la interacción con la plataforma. Sin duda alguna, una de sus grandes bazas es la actualización constante de los datos, lo que posibilitará un seguimiento más pormenorizado de la progresión de algunos de los indicadores empleados.

Son cuatro las secciones en las que se organizan las diferentes métricas de las que Livemetrics da constancia, a saber:

  • Indicadores en curso. Información de cuatro de los indicadores más significativos sobre la producción científica de la Universidad de Granada en el año en curso, para que pueda verificarse si se superan los objetivos marcados y los resultados obtenidos en años anteriores.

  • Producción e Impacto. Cuatro indicadores bibliométricos tradicionales que recogen, de un modo preciso, el volumen de actividad y el grado de visibilidad de la actividad académica de la Universidad de Granada.

  • Colaboración Internacional. A partir del análisis de la coautoría de artículos científicos, se determinan las instituciones y países con los que la Universidad de Granada ha trabajado de manera más estrecha.

  • Compara a la UGR. Todos los datos anteriores pueden ponerse en correlación con los obtenidos por hasta 250 universidades del resto del mundo, a fin de facilitar su contextualización y conocer, más pormenorizadamente, cuál es la contribución real que hace la Universidad de Granada a la comunidad científica internacional.

La información que nutre las gráficas correspondientes a cada sección ha sido recabada, fundamentalmente, de la base de datos Web of Knowledge de Thomson Reuters, una de las primeras fuentes de información bibliográfica científica, actualmente considerada como el estándar de calidad de cualquier medición de la actividad académica.

Pero el proyecto Livemetrics no se agota en los apartados anteriores. Como artefacto en crecimiento que es, seguirá incorporando nuevas secciones y nuevas métricas, que no sólo tengan en consideración el impacto de la producción científica de la Universidad de Granada en su vertiente más tradicional, sino que también permita ponderar la actividad por ésta desplegada en las redes sociales y plataformas propias de Internet.

En la presentación de Livemetrics se dieron cita Daniel Torres Salinas, principal impulsor de la plataforma y respons able del área de Ciencia Digital en Medialab UGR, y Esteban Romero Frías, director de Medialab UGR. También tomaron la palabra Pilar Aranda y Enrique Herrera Viedma, en tanto que Rectora y Vicerrector de Investigación y Transferencia de la Universidad de Granada. Su presencia, antes que nada, pone en relieve el carácter estratégico que adquiere para esta institución la evaluación de su producción bibliométrica y la necesidad de incrementar la transparencia en este ámbito.